martes, 13 de diciembre de 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Celebramos a Nuestro Patrono!!!!

Con mucha alegría conmemoramos el Día de Nuestro Patrono "Dean Gregorio Funes", allí mostramos nuestros proyectos realizados y nos visitaron supervisores del distrito.
Sabías ???
 DEAN GREGORIO FUNES, nació en Córdoba en 1749. Cuando Gregorio y sus dos hermanos eran pequeños, falleció su padre. La madre, profundamente religiosa, los colocó en el Real Colegio de Monserrat. Les tocó vivir el episodio traumático del reemplazo de los padres jesuitas por los frailes franciscanos. Del colegio pasó a la universidad de Córdoba, donde concluyó la carrera de teología con el título de doctor y fue ordenado sacerdote en 1773.
Más adelante, en sus memorias destacará que la enseñanza que recibió era demasiado tradicionalista y no estaba abierta a las corrientes del pensamiento del siglo XVIII.
A pesar de su graduación universitaria, fue destinado desempeñar su ministerio en alejados curatos rurales. Escribió varias veces al obispo para obtener su permiso a fin de continuar y profundizar sus estudios en España, sin resultado. A pesar de  sus votos de obediencia a las autoridades eclesiásticas, dado que pertenecía al clero secular, viajó a Buenos Aires, donde consiguió autorización del gobernador para embarcarse rumbo a la península.
En 1775 comenzó la carrera de jurisprudencia en la universidad de Alcalá de Henares, que se destacaba por ser la de espíritu más progresista en España.
Durante los cinco años de su permanencia en España tuvo la oportunidad de admirar a Madrid, una de las capitales europeas más destacadas, y pudo apreciar los grandes progresos culturales que se producían en la metrópoli durante el reinado de Carlos III.
En 1779 recibió el título de abogado, cuyo documento original lleva la firma del mismo monarca.
Lo que había visto en España, la emancipación de las colonias inglesas, las avanzadas ideas políticas de ese siglo y el acopio de libros que hizo allí y que condujo consigo en su viaje de regreso, le hicieron entrever la posible emancipación política de su país.
En 1791 el obispo de Córdoba lo nombró provisor y vicario general de la diócesis.
En 1801 tendrá la oportunidad de ser conocido en Buenos Aires. Funes consideró que se había ofendido la dignidad del obispo por una publicación aparecida en el “Telégrafo Mercantil del Río de la Plata”, del que era editor Francisco Cabello y Mesa.
Funes respondió con un largo escrito, que se conoce con el nombre de “Carta crítica”, el que fue publicado en dicho periódico.
Cuando “Carta critica” fue conocida en Buenos Aires, Funes salió del anonimato y llamó la atención de los hombres que habían constituido un núcleo intelectual llamado a gravitar ulteriormente en la vida política del país. El “Telégrafo” era el órgano periodístico de ese núcleo.
Cabello y Mesa no solo fundó y dirigió el periódico, sino que organizó la primera Sociedad Patriótica literaria y económica en el Plata, de la que formaban parte entre otros el abogado Juan José Castelli y el poeta Manuel de Lavardén.
Cuando dicha publicación fue clausurada, fue reemplazada por otra de las misma tendencia, el “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” dirigido por Juan Hipólito Vieytes. Funes fue uno de los colaboradores que escribieron para dicho periódico.
En 1803 fue designado Deán de la catedral de Córdoba por el rey Carlos III. Dicha dignidad le permitía presidir el cabildo eclesiástico constituido por los canónigos de la catedral. De esta manera había llegado, aunque no podía saberlo, a la culminación de su carrera eclesiástica. Funes aspiró posteriormente a obtener el obispado de Córdoba o de Salta, pero sus expectativas no pudieron realizarse.
Mientras el obispo designado de Córdoba, Orellana, permanecía en España, se suscitó un conflicto entre el Deán y el cabildo eclesiástico por el gobierno transitorio de la diócesis. El pleito fue trasladado a la Audiencia de Buenos Aires, ante la cual Funes se hizo representar por el abogado Mariano Moreno. Finalmente, el juez de Charcas falló a favor del Deán.
Un largo entredicho se produjo también entre la Orden de San Francisco y el clero diocesano de Córdoba por el gobierno del colegio y de la universidad. La real cédula de 1767 prescribía que los jesuitas debían ser reemplazados por eclesiásticos seculares, pero el gobernador de Buenos Aires, que debía hacerla cumplir, entregó ambos establecimientos a los frailes franciscanos.
Recién en 1807, por orden del virrey Liniers, los regulares debieron abandonar el colegio y la universidad. Un claustro reunido al efecto eligió al Deán Funes rector de ambos establecimientos.
A pedido del virrey Liniers, Funes viajó a Buenos Aires en 1808 para explicar las reformas que planeaba realizar en el plan de estudios de la universidad, planteando al mismo tiempo las dificultades que le ocasionaban los escasos fondos con que contaba. En la capital tuvo oportunidad de dialogar con Castelli, Belgrano y otros patriotas que elaboraban planes revolucionarios.
En 1809 llegó al Río de la Plata el virrey Cisneros, quien reemplazó a Liniers y consideró conveniente desterrarlo a Mendoza, pero éste eligió residir en Córdoba, a pesar de las órdenes recibidas.
El 25 de mayo de 1810 fue destituido el virrey español y se constituyó el primer gobierno patrio: la Junta provisional de gobierno de las Provincias del Río de la Plata.
Al conocerse en Córdoba lo sucedido en Buenos Aires, las autoridades decidieron resistir al nuevo gobierno y restituir a Cisneros en el mando.
Se reunió entonces una junta integrada por el gobernador intendente Gutiérrez, Liniers, los alcaldes del cabildo, el asesor del gobierno, el jefe de las milicias, el ministro de la real hacienda, el obispo Orellana y su provisor, el Deán Funes. El objeto de esta junta era deliberar acerca del partido que se debía tomar. Tanto el gobernador Gutiérrez como Liniers argumentaron que no debían aceptar la autoridad de la Junta de Buenos Aires, y defender la causa de la Nación Española y del rey Fernando VII.
Ninguno de los presentes los rebatió, a excepción de Funes, que defendió a los revolucionarios, y pidió a los conspiradores que reconsiderasen su decisión pues se encendería una guerra civil en la que la suerte de la guerra les sería fatal.
Los contrarrevolucionarios debatieron sobre la conveniencia de fusilar al Deán, debido a su actitud, pero no lograron entenderse y no adoptaron ninguna resolución.
A todo esto Funes redactó un Dictamen a favor de la revolución, que hizo circular por la ciudad, lo envió a Buenos Aires y fue publicado por “La Gazeta” el 7 de agosto.
Los conspiradores no pudieron reunir suficientes soldados, que se dispersaron ante la llegada del ejército patriota. Los jefes fueron apresados y ajusticiados, a pesar de los esfuerzos de Funes para salvarles la vida.
Debido a su prestigio cultural y político, fue elegido en Cabildo abierto como diputado ante la Junta gubernativa de Buenos Aires.
Esta asamblea fue presidida por Pueyrredón, nombrado gobernador interino de Córdoba.
Comenzaba así su vida pública, que con breves intervalos constituiría su mayor dedicación al servicio del país.
Llegó a Buenos Aires en octubre de 1810. La circular del 27 de mayo emitida por la Junta prescribía que los diputados de las provincias se incorporarían a la Junta, pero esta disposición no se cumplió momentáneamente, pues se consideró más razonable que cuando estuviesen todos los representantes en la capital formaran un Congreso que decidiese la forma de gobierno. Funes encontró conveniente esta resolución, si bien posteriormente cambió de parecer debido a los acontecimientos que fueron desarrollándose.
Mientras tanto, el Deán publicó en “La Gazeta” su pensamiento político, que se expuso en tres cartas enviadas al periódico.
En ellas se pone de manifiesto que sus inspiradores son Santo Tomás, Rousseau y los teólogos españoles. Entiende que el congreso que se reunirá debe sancionar una constitución, lo cual implica la existencia de un estado independiente.
En diciembre de 1810 hizo crisis el enfrentamiento que dentro de la Junta oponía a los partidarios de Saavedra y de Moreno. En la Junta había mayoría morenista, por cuya razón, el presidente de la misma opinó que los diputados provinciales debían incorporarse a dicha Junta, lo que modificaría la relación de fuerzas.
A pesar de que Funes había opinado en sentido contrario y tenía buena relación con Moreno, consideró que ya era oportuno que los diputados entrasen en el gobierno, así que apoyó la propuesta de Saavedra.
Se convocó a una reunión conjunta de los integrantes de la Junta y de los diputados el 18 de diciembre. En esta oportunidad, el Deán habló en nombre de todos los representantes del interior, reclamando el derecho a incorporarse y tomar parte activa en el mando hasta que se reuniese el Congreso que estaba convocado.
En la votación realizada a continuación se impuso la tesis de Saavedra, lo que fue motivo para que Moreno renunciase a su cargo.
Funes sustituyó a Moreno en la dirección de “La Gazeta”. En la Junta, obtuvo la sanción del Reglamento que creaba las Juntas provinciales gubernativas, cuyos miembros (cuatro vocales) “sean elegidos por los pueblos”, procedimiento que contiene el germen del sistema democrático y representativo, pero no federal, pues tales Juntas estarán sujetas a la Junta Superior de Buenos Aires y serían presididas por los respectivos gobernadores intendentes.
La iniciativa no produjo buenos resultados, porque fueron motivo de enfrentamientos  y desórdenes producidos por las discrepancias entre las Juntas y los Cabildos de cada ciudad.
Otra de las iniciativas del diputado por Córdoba fue la implantación de la libertad de imprenta, aprobando un reglamento propuesto por el Deán en el que se autorizaba la libertad de prensa y se reprimía sus excesos.
El conflicto político entre saavedristas y morenistas continuaba, a pesar de la muerte de Moreno. Sus partidarios organizaron una Sociedad Patriótica y algunos de ellos todavía integraban la Junta.
Saavedra contaba con apoyos mayoritarios, pues era respaldado por los regimientos que estaban en Buenos Aires y por las gentes de los suburbios.
El 6 de abril de 1811 sus partidarios exigieron al Cabildo que desterrase a todos los morenistas (los más destacados eran Azcuénaga, Larrea, R. Peña, Vieytes, Beruti y French) todo lo cual fue aprobado por la Junta y el Cabildo. Los expatriados fueron sustituidos por adictos y amigos de Saavedra.
La Junta creyó conveniente emitir un Manifiesto a la población para explicar los motivos que produjeron la “asonada” o “movimiento” o “golpe de estado” del que participaron “el pueblo y las tropas”. El manifiesto fue redactado por Funes, lo que ratifica que seguía adherido a la facción saavedrista.
En dicho manifiesto califica como “hombres fanáticos” a los integrantes de la Sociedad Patriótica, y explica que en la Junta había quienes no pensaban como su presidente, tratando así de justificar la destitución. El criterio era desacertado, pues significa avalar la uniformidad de opiniones en el gobierno, lo que contradice las ideas que había expresado en varios documentos anteriores.
El Deán se arrepintió con el tiempo de lo que había dicho en esa ocasión, por eso publicó en 1814 una retractación por los conceptos y las ofensas causadas a las personas que se mencionaban en el documento.
A pesar de los sucesos ocurridos, la oposición contra la Junta no dejó de crecer. La Sociedad Patriótica seguía existiendo y las desinteligencias entre la Junta y el Cabildo fueron en aumento. Un Cabildo abierto realizado en setiembre de 1811 pidió a la Junta que abandonase sus funciones ejecutivas y se crease un Triunvirato que habría de ejercerlas. Fueron elegidos a tal efecto Chiclana, Sarratea y Paso, actuando como secretarios Rivadavia, Vicente López y José Julián Pérez.
En cuanto a la Junta, se limitaría a las funciones legislativas en su carácter de “Junta Conservadora de la soberanía del señor don Fernando VII y de las leyes” y debía dictar un Reglamento al cual debía ajustarse el Triunvirato. Pero éste rechazó este documento, disolvió a la Junta y ordenó a los diputados que regresasen a sus respectivas ciudades de provincia. Desde luego que Saavedra fue destituido de sus cargos y exiliado.
Funes, en cuanto era el principal sostén de la política de Saavedra en el gobierno, fue arrastrado por la desgracia de su partido. Fue despojado de su carácter de diputado y apresado debido a la acusación de que había participado de una rebelión fracasada producida en diciembre de 1811. Se le instruyó un proceso en el que no se pudo comprobar la validez de las acusaciones y puesto en libertad después de padecer cuatro meses de prisión. Debe tenerse en cuenta que tenía más de sesenta años de edad.
Decidió entonces apartarse de la política pero nunca regresó a su ciudad natal, puesto que Buenos Aires se había convertido en el centro de sus amistades, vinculaciones, estudios y lecturas. Emprendió la elaboración de un “Ensayo” sobre la historia del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, cuyo proyecto databa de 1804.
El gobierno estaba interesado en ello, y había dado las órdenes correspondientes para que tuviera acceso a los archivos públicos. El mismo Rivadavia se ocupó de facilitar su tarea, hasta que los tres primeros tomos se imprimieron en 1815 y 1816.
Habiéndose convocado el Congreso general constituyente en Tucumán, fue elegido diputado por Córdoba en 1815, por unánime votación de la asamblea electoral, a pesar de estar alejado de la política. El Deán resignó esta designación, y lo hizo por segunda vez al insistir la asamblea electoral cordobesa. Insistió ésta por tercera vez, con el apoyo del Director Ignacio Álvarez Thomas, pero Funes se mantuvo inflexible.
El Director supremo Pueyrredón le pidió viajara a Santa Fe para actuar como intermediario entre el gobierno nacional y el de la provincia, que estaban en guerra, pero no tuvo éxito debido a que Santa Fe se encontraba dentro de la órbita de Artigas.
En 1818 la provincia de Tucumán lo nombró su diputado ante el Congreso, que desde ese año sesionaba en Buenos Aires. En ocasión de sancionarse la constitución de 1819, el Congreso encargó a Funes la redacción de un manifiesto a los pueblos para que aceptasen dicha constitución.
Uno de los proyectos que fueron estudiados por el Congreso fue el de establecer una monarquía en el Río de la Plata, el que no prosperó. Cuando el Directorio y el Congreso fueron derrocados en 1820, el gobierno provincial que se formó consideró que los diputados habían incurrido en el delito de alta traición a la patria por haber intentado implantar dicha forma de gobierno. Decretó la prisión de todos los diputados, entre ellos Funes, pero el proceso quedó cerrado al cabo de un mes y medio.
En cuanto a las ideas políticas del Deán, nunca se pronunció a favor del centralismo unitario ni del federalismo caudillista, sino que opinó siempre que debía constituirse un gobierno que contribuyera al bien común y a la felicidad del pueblo.
La situación económica de Funes se fue deteriorando a partir de 1810, y había llegado en 1820 a un estado de angustia y de pobreza. Había perdido todos sus bienes a consecuencia de las guerras por la emancipación y sobre todo por las guerras civiles. A los 72 años, abrió su estudio para solventarse con el ejercicio de la abogacía.
Rivadavia, ministro del gobierno de Martín Rodríguez, lo ayudó en cuanto pudo, otorgándole una pequeña pensión y encomendándole diversas tareas con carácter oficial.
En esta época publicó trabajos periodísticos en “La abeja argentina”, “El centinela” y “El Argos de Buenos Aires”.
Cuando se reunió el Congreso constituyente en 1824, Funes fue nombrado otra vez diputado por Córdoba y esta vez aceptó. Tuvo parte activa en todas las sesiones y en las comisiones internas que se formaron. Su opinión siempre tenía gran influencia.
Falleció en 1829.
Al año siguiente, el gobernador J. M. de Rosas decidió erigir un monumento a su memoria en el cementerio de Buenos Aires. En Córdoba es recordado por una estatua que se encuentra en el parque Sarmiento. Con ocasión del centenario de su muerte, sus restos se trasladaron a la catedral de Córdoba.




lunes, 14 de noviembre de 2016

Lecturas grabadas

lunes, 31 de octubre de 2016

20 de noviembre – Día de la Soberanía Nacional



Este hecho histórico es celebrado a partir  de la promulgación de la Ley 20.770, por la que el 20 de noviembre se declaró Día de la Soberanía Nacional, por iniciativa del historiador José María Rosa.
Históricamente, los federales y nacionalistas argentinos han considerado el combate de la Vuelta de Obligado como el más importante triunfo en la lucha por consolidar y hacer respetar la soberanía de las nuevas repúblicas.
La Batalla de la Vuelta de Obligado ha sido recordada en los billetes de 20 pesos argentinos, que en una cara lleva el retrato de Juan Manuel de Rosas y en su reverso una imagen de la Batalla de la Vuelta de Obligado.
Los pocos emblemas de los estados de la Confederación Argentina que fueron tomados por los franceses fueron reintegrados a la República Argentina por el premier francés Jacques Chirac.
El sitio donde estuvo ubicada la batería argentina es hoy un sitio histórico, con monumentos e inscripciones que recuerdan el hecho.
En el cruento Combate de la Vuelta de Obligado, del 20 de noviembre de 1845, el Regimiento de Patricios al mando del coronel Ramón Rodríguez tuvo una actuación tan valerosa que, muchos años más tarde, en 1883, el que fuera jefe en aquella oportunidad de las fuerzas inglesas, entregó al consulado argentino en Londres una bandera argentina tomada en el combate contra las tropas nativas.
En 1973, durante el  gobierno de  Juan Domingo Perón, el Congreso Nacional declaró el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional  con carácter de feriado optativo, lo que fue abolido durante la dictadura militar.

El día 3 de noviembre de 2010 se firmó el decreto 1584 nuevamente declarando el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional, con carácter de feriado nacional en toda la República Argentina


La vuelta de Obligado

La importancia de Obligado no es simplemente recordativa, sino que es conceptual, por su significación en la larga lucha de los argentinos por la SOBERANÍA NACIONAL.
Sospechaban que fuera posible la agresión colonialista de las dos potencias más grandes del orbe. Rosas previó que el escenario iba a ser el río Paraná. Allí la escuadra anglo-francesa realizaría su demostración de fuerza. El general Lucio N. Mansilla intuyó la ventaja de fortificar la Vuelta de Obligado. Allí el río tiene 700 metros de ancho y un pronunciado recodo, facilitando su defensa. Por allí debían pasar las escuadras de Gran Bretaña y Francia rumbo a Corrientes. Mansilla hizo tender, de costa a costa, sobre 24 lanchones desmantelados y fondeados en línea, tres gruesas cadenas. En la ribera derecha se montaron cuatro baterías: Restaurador Rosas, General Brown, General Mansilla y Manuelita, artilladas con 30 cañoncitos de bronce que no sobrepasaban el calibre 20.
Había 2 mil hombres detrás de las trincheras. Los campesinos estaban al mando de Facundo Quiroga (hijo del caudillo riojano y vecino de San Pedro).
Dos días antes de la batalla, los vapores de vanguardia de los invasores arribaron a las cercanías de Obligado. Mansilla se hizo transportar en un bote para reconocer a la escuadra colonialista y regresó a su batería.



Era tal la lluvia, que los comandantes anglo-franceses difirieron el ataque para el día siguiente.
Se presentaba un panorama lluvioso antes de la Batalla.
Ese día 20 la neblina se disipó y los agresores ordenaron el ataque. Mansilla, enfurecido, dijo a la tropa: “¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! Vamos a resistirles con el ardiente entusiasmo de la libertad. ¡Suena ya el cañón! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes de verlo bajar de donde flamea!”.

El primer barco extranjero estuvo a tiro de las baterías. Mansilla dio la señal de fuego con el tradicional "¡Viva la patria!". Respondieron 96 bocas de fuego de mayor potencia que nuestros simbólicos cañoncitos. Los buques anglo-franceses eran: vapor Gorgon, llevando la insignia del comandante Hotham; fragata Firebrand; corbeta Comus; bergantín Philomel; bergantín Dolphin; bergantín Fanny; bergantín San Martín (de la armada argentina, capturado en Montevideo) con la insignia del comandante en jefe Trethouart; vapor Fulton; corbeta Expeditive; bergantín Pandour; bergantín-goleta Procide. Eran 11 buques con 99 cañones de grueso calibre.
Una nave invasora se aprestaba a cortar las cadenas cuando calmó el viento. Debió anclar. Fue blanco de las cuatro baterías, saldo: dos oficiales y 44 hombres fuera de combate, dos cañones desmontados y la arboladura a punto de caer; una bala le había cortado la cadena del ancla, y la fragata fue arrastrada corriente abajo.

A mediodía Mansilla comunica a Rosas que los enemigos no pudieron llegar a él, pero que no tardarían en hacerlo. Los nuestros se quedaron sin municiones. Ante la imposibilidad de poder responder con la efectividad requerida, el comandante del Republicano, capitán Craig, quema su último cartucho y vuela la nave para que no caiga en poder del enemigo. Los buques aliados avanzan. Las baterías concentran el fuego.
La figura de Mansilla se trasluce en medio de las nubes de pólvora, concentrando su esfuerzo en ese punto del Paraná donde se juega la honra y el derecho de la patria. Era la 1:00 pm y las cadenas, aún, no habían sido cortadas. Los cañones de tierra hacen retroceder a la Comus y anulan al San Martín. El vapor Fulton se acercaba a las obcecadas cadenas, aunque perdió al maquinista, un cañón estaba averiado y sufrió perjuicios en el casco y en la máquina. Una lancha del Firebrand se va adelante y el jefe Hope consigue cortar las cadenas. El Firebrand, el Fulton y el Gordon pasan del otro lado, recibiendo el fuego de los cañones de Thorne. Pero la artillería de la Expeditive destruye a la primera batería, aniquilando a todos sus hombres. En medio de todo esto había una mujer. Era la Tía Marica, también llamada la Charlatana que, desde un médano, vivaba a "mi amito el Restaurador" mientras Mansilla trataba de cortar el paso -por el río Paraná- a los prepotentes invasores; a Marica la Charlatana una bala le arranca la cabeza que queda balanceando de un árbol.
La batería Manuelita es destrozada. El reducto de Thorne está incendiado; aunque tozudamente cause estragos al enemigo inmensamente superior. La situación era insostenible para los argentinos. No quedan municiones. A las 4:55 pm hace su último disparo y dos minutos después una granada enemiga lo voltea. "No ha sido nada" –dice- al levantarse. Le fracturaron el brazo y golpearon la cabeza. Quedó sordo para siempre.
Los defensores de la Vuelta de Obligado no contestan el fuego. Desmontados los cañones de las baterías, muertos casi todos los artilleros y sin cartuchos de pólvora. Los agresores están listos para el desembarco, protegiéndose con el cañoneo de los buques. Los últimos defensores que quedan se preparan para repelerlos, sólo con armas blancas, según las órdenes de Mansilla. Éste es derribado por un golpe de metralla a la altura del estómago.
Los piratas, penetraron, violando el espacio nacional. La infantería nacional es diezmada. Los aliados contaron 150 hombres fuera de combate y tres buques quedaron inutilizados. Las dos horas finales de la batalla aniquilan a la resistencia nacional. Son las 8:00 pm y los héroes de Obligado han caído. Pero la bandera de guerra de las baterías no cayó en poder de los anglo-franceses porque quedó destruida por el fuego. Baldomero García diría en la Legislatura bonaerense “... la bandera de mi patria, nunca fue rendida sino hecha pedazos”.
http://profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com.ar/2011/11/20-de-noviembre-de-1845-dia-de-la.html







Canciones
•La vuelta de Obligado Libercanto
•Ahí vienen (Zamba en la Vuelta de Obligado)
•La vuelta de Obligado.Alberto Merlo

Vídeos:
Vuelta de Obligado. Canal Encuentro


Breve sobre Juan Manuel de Rosas y la Vuelta de Obligado

La Asombrosa Excursión de Zamba en Vuelta de Obligado

Enlaces Externos:
Cuestiones acerca de la soberanía:


Jornada ESI

El jueves 27 de Octubre se trabajó en todos los grados sobre la prevención y erradicación de la violencia de género. 

martes, 11 de octubre de 2016

Babú...Booktrailer realizado por los chicos de 4º grado


Con los chicos de 4º leímos la novela de Babú, a través de su lectura descubrieron diferentes valores como por ejemplo, el respeto a pensar diferente, el concepto de supervivencia y de libertad, etc.
Posteriormente realizaron con entusiasmo un booktrailer en forma cooperativa, para que otros chicos compartan esta lectura.