martes, 14 de junio de 2016

HISTORIA DE LA BANDERA ARGENTINA

El 8 de junio de 1938 el Congreso Nacional sancionó una ley (12.361) que fija el 20 de junio como Día de la Bandera, declarándolo feriado. La fecha no hace referencia al día de la creación del estandarte de la patria (27 de febrero de 1812), sino al aniversario de la muerte de su creador el General Manuel Belgrano, quien murió a los 50 años de edad (1820) en absoluta pobreza y soledad.
El color de la Patria



El 20 de junio se celebra el Día de la Bandera y es tema de estudio en todas las escuelas de nivel inicial. Pero son pocos los alumnos, y personas en general, los que conocen el verdadero origen del estandarte nacional y de los cambios que sufrió hasta llegar al modelo actual. Ante esta realidad Mario Segovia, un periodista mendocino, realizó un trabajo de investigación sobre el origen de la bandera argentina, porqué la elección de sus colores, los momentos históricos en los que fue enarbolada para representar a los argentinos, y los cambios que experimentó hasta tomar las características definitivas que presenta hoy. Para ello se remontó a 1760, cuando el rey de España, Carlos III, declaró a la Virgen maría, en su advocación de la Inmaculada Concepción, como patrona del reino. Años más tarde (1771), murió Francisco Javier de Borbón, el menor de los 13 hijos que Carlos III tuvo con María Amalia de Sajonia. El rey entró en una profunda tristeza de la que salió gracias al nacimiento de su primer nieto, el infante Carlos, que aseguraba la continuidad de la dinastía. Es así que, en honor a su nieto, el rey fundó una corporación de caballeros con el nombre de "Real y Distinguida Orden de Carlos III" a la que identificó con un distintivo que consistía en un óvalo bañado en oro con la imagen de la Inmaculada Concepción, con su túnica blanca y su manto celeste. En el estatuto de la creación de la orden estaba especialmente establecido en el artículo 16 que "era obligación para el rey, sus hijos y hermanos usar los distintivos celestes y blancos de la orden". Ya para 1804 muchos caballeros españoles y americanos usaban la escarapela celeste y blanca de la Orden de Carlos III.
Por eso, cuando en 1812 Manuel Belgrano se dio cuenta de que necesitaba un distintivo que diferenciara a sus fuerzas de las enemigas, pensó en los colores celeste y blanco que graficaban bien esa postura ambigua de fidelidad al rey pero de autonomía respecto al Estado español en manos de Napoleón.
Hasta ese momento las tropas patriotas habían luchado bajo la bandera española y, por eso, Belgrano ya venía reclamando al Triunvirato (integrado por Manuel de Sarratea, Feliciano Chiclana y Juan José Paso) la creación de una escarapela nacional.
A principios de febrero de 1812, el entonces Coronel Manuel Belgrano estaba apostado en las barrancas del Río Paraná, cerca de la aldea de Rosario, para defender esas costas de las incursiones realistas llegadas de la Banda Oriental. El 13 de febrero de ese año Belgrano le volvió a escribir al Triunvirato pidiéndole que aprobaran una escarapela que distinguiera sus tropas de las realistas. Y su petición tuvo una respuesta favorable: el Triunvirato emitió un decreto creando la escarapela argentina de color blanco y azul-celeste. Pero era lo máximo que estaba dispuesto a hacer el Triunvirato, que ni siquiera se detuvo en analizar la posibilidad de una bandera propia. Sin embargo, Belgrano no cesó en su anhelo por tener un estandarte patrio. Es así que el 27 de febrero de 1812 a las seis y media de la tarde, mientras Belgrano formaba su tropa Libertad e Independencia, enarboló por primera vez la bandera celeste y blanca.
Dice la leyenda rosarina que quien confeccionó esa primera bandera fue María Catalina Echeverría de Vidal (hermana de José Vicente Anastasio de Echeverría, compañero de Belgrano en su expedición al Paraguay) y que fue izada por otro vecino del lugar, el señor Cosme Maciel.
El Triunvirato se enteró de este hecho y no dudó en escribirle al General Belgrano, recomendándole que dejara pasar el episodio como una muestra pasajera de entusiasmo y que ocultara con disimulo esa bandera, reemplazándola por la roja y amarilla que se usaba en el fuerte de Buenos Aires. Recomendación que Belgrano, por diferentes circunstancias, no acató.

La necesaria desobediencia

Cuando el triunvirato envió a Belgrano esta carta, el General ya se había puesto en marcha para hacerse cargo del Ejército del Norte (otro de los frentes realistas más fuertes, junto con la Banda Oriental), motivó por el que nunca llegó a sus manos. Ya en San Salvador de Jujuy, Belgrano volvió a enarbolar la bandera nacional, esta vez durante un Te Deum para celebrar el segundo aniversario de la Revolución de Mayo. Ese 25 de mayo y frente al cabildo, el obispo de Jujuy Juan Ignacio Gorriti, bendijo la bandera y el pueblo le demostró su respeto.
Al enterarse, el Triunvirato tomó esta circunstancia como una desobediencia a sus recomendaciones de dar marcha atrás con lo de la bandera, y le ordenó a Belgrano regresar y hacer lo necesario para "la reparación de tamaño desorden".
Frente a esta decisión el general le escribió nuevamente al máximo poder de entonces explicando que su intención nunca fue desobedecer sus órdenes, sino que simplemente no se había enterado de las mismas. Y que, de todos modos, reconocía su "error" y estaba dispuesto a recoger y deshacer la bandera para que no hubiera ningún recuerdo de ella.
Pero lejos de ser olvidada, la bandera argentina se izó por primera vez en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812 en la iglesia San Nicolás de Bari durante una misa de acción de gracias por el fracaso de una conspiración realista que debía estallar el 5 de julio que fue descubierta, y de la cual era líder Martín de Álzaga, posteriormente fusilado. Según algunos autores esa bandera (a diferencia de la que usaba Belgrano con dos franjas blancas y una celeste en el medio) que se izó fugazmente en Buenos Aires sería de tres franjas: celeste, blanca y celeste, siendo la blanca del medio del doble de ancho que las celestes, siguiendo la línea de la bandera española.

Reconocimiento a medias

El 31 de enero de 1813 se reunió en Buenos Aires una Asamblea Constituyente con la intención de dotar de institucionalidad y constitucionalidad al nuevo Estado emergente, pero todo quedó a mitad de camino porque no se declaró la independencia como pretendían, entre otros San Martín y Belgrano. Es por eso que los diputados consintieron el uso de la bandera celeste y blanca, pero no lo avalaron por escrito.
El 13 de febrero de ese año Belgrano hizo jurar a sus tropas fidelidad a la bandera a orillas del río salteño Pasaje. Y siete días más tarde, el estandarte tuvo su bautismo de fuego en la batalla de Salta, donde Belgrano volvió a triunfar. A partir de esa victoria el general argentino se instaló en Potosí (entonces Alto Perú) y se dedicó a reorganizar la administración pública, opacando un poco su tarea militar, ya que fue vencido en Vilcapugio y Ayohuma. Luego de esos fracasos en los que se perdieron muchos hombres y bienes, Belgrano se trasladó a Jujuy, pero antes de emprender el viaje fue hasta la capilla de Titiri, en el curato de Macha, y escondió su bandera detrás de un cuadro. Muchos años después de terminada la guerra de la independencia, en 1883, el párroco del lugar se puso a limpiar la iglesia, encontrando la bandera argentina.
Según el historiador Armando Piñeiro, es la misma bandera que enarboló Belgrano en las orillas del río Paraná aquel 27 de febrero de 1812. En cambio Félix Chaparro, otro historiador, sostiene que la bandera de Rosario era de dos franjas verticales, una blanca al asta y la otra celeste. Una tercera versión muestra una bandera de dos franjas horizontales, blanca arriba y celeste abajo.

Aprobación oficial

Recién en el Congreso de Tucumán la bandera argentina fue reconocida oficialmente. El 9 de julio de 1816 se declaró la independencia y el 18 de ese mismo mes, el diputado por Buenos Aires Juan José Paso, pidió que se fijase y jurase la bandera nacional. Dos días más tarde se trató la moción de Paso y, por iniciativa del diputad Esteban Gascón, se adoptó la bandera belgraniana. Es así que el Congreso de Tucumán declaró por decreto que "Elevadas las Provincias Unidas de Sudamérica al rango de una nación, después de la declaración solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente, y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas, en clase de bandera menor, interín, decretadas al término de las presentes discusiones la forma de gobierno más conveniente, se fijen conforme a ella los jeroglíficos de la bandera nacional mayor."
Y fue el mismo Congreso, trasladado de Tucumán a Buenos Aires, quien el 25 de febrero de 1818 agregó el sol a la bandera en su franja blanca. En un principio, ese agregado era distintivo de las banderas militares, pero luego se generalizó. Era amarillo y tenía el mismo diseño de las primeras monedas acuñadas en el país: 16 rayos flamígeros que giran en sentido horario, intercalados con 16 rayos rectos. Este agregado se le atribuye al inca Rivero, un descendiente de una ñusta (princesa) incaica, y representa al Inti o "sol inca", un símbolo de aquella civilización.
El 7 de marzo de ese mismo año, por orden del director supremo Juan Martín de Pueyrredón, y de su ministro de Marina Matías de Irigoyen, a la bandera se le agregan 18 estrellas doradas de cinco puntas alrededor del sol, una por cada provincia que reclamaba el gobierno bonaerense.
En los círculos de vexilología (estudio científico de las banderas) se conoce este estandarte como "la bandera de Pueyrredón, y aunque la orden existió, no hay registros de que haya sido efectivamente confeccionada y, mucho menos, usada.
El otro gran cambio, y esta vez efectivo, que sufrió la bandera argentina fue durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas quien llegó a cambiarle el color porque "odiaba" el azul-celeste, color con que se identificaban los unitarios. En consecuencia, cuando creo la Confederación Argentina a través del Pacto Federal del 4 de enero de 1831, instauró una bandera de tres franjas horizontales, reemplazando el azul-celeste por azul oscuro. En 1840 le volvió a introducir modificaciones, reemplazando el sol amarillo por uno rojo, y agregando cuatro gorros frigios también rojos, el color de los federales. Este modelo estuvo vigente hasta 1852 cuando Rosas fue derrocado del poder por Justo José de Urquiza en la batalla de Caseros.
Un año más tarde, durante la Asamblea Constituyente de 1853, se devolvió a la bandera argentina las características dadas por el Congreso de Tucumán en 1818, y que conserva hasta el día de hoy: sol amarillo en su franja central blanca, y el tradicional azul-celeste de Belgrano para las franjas horizontales de los extremos.


Investigación de Mariano Saravia.



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